
Si eres padre, probablemente te ha pasado esto en alguna ocasión: perder la calma. De hecho, hay muchos factores que pueden llevar a que un adulto pueda perder el control, como el agotamiento, dificultades en el comportamiento, el aislamiento, problemas en las relaciones interpersonales, adaptabilidad, entre otros.
Sin embargo, después de que el conflicto escala y ocurre alguna explosión, tal vez te sientas drenado, frustrado… e incluso un poco culpable por cómo se dieron las cosas. Quizá te preguntes por qué reaccionaste de esa manera, si realmente era necesario gritar o cómo podrías haber manejado la situación de otra forma.
Y es que, aunque en ocasiones levantar la voz parezca una manera rápida de conseguir que nuestros hijos nos escuchen, cuando se convierte en una respuesta frecuente puede terminar generando más tensión y complicando la comunicación en casa.
Por ello, abordaremos un poco de lo que ocurre cuando perdemos el control durante la crianza, qué situaciones pueden hacer que reaccionemos de esta manera y, sobre todo, qué podemos hacer para recuperar la calma y relacionarnos con nuestros hijos desde un lugar más consciente y tranquilo.
¿Por qué termino gritándole a mi hijo aun cuando no quiero hacerlo?
Cuando mencionamos “padres que gritan” debemos mirar más allá de la reacción final. Muchas veces, el enojo o la explosión no comienza cuando el niño se niega a obedecer, sino que hay factores detrás que están diluyendo la calma. Puede empezar con una noche donde no has descansado mucho, una preocupación que no se ha podido resolver, varias responsabilidades acumuladas o la sensación de que no tienes apoyo. Entonces ocurre algo que, en otro momento, quizá habrías podido manejar con mayor tranquilidad, pero que ese día se convierte en la gota que derrama el vaso.
El agotamiento emocional puede reducir tu capacidad para mantener la ecuanimidad
Criar implica estar constantemente tomando decisiones, atender necesidades, resolver conflictos y sostener tanto emociones propias como ajenas. Cuando estas demandas se acumulan y no contamos con suficiente descanso, apoyo o tiempo para recuperarte, podemos sentir que nuestra paciencia se agota con mayor facilidad.
Quizá hayas notado que una situación que podrías haber manejado con normalidad, termina siendo un detonante en esos momentos de tensión, generando una reacción desproporcionada.
A veces reaccionamos desde las propias experiencias de crianza
Sé que muchos venimos de lo que ahora se denomina como “la antigua escuela”, refiriéndose a anteriores formas usadas en la crianza. No podemos negar que existe una diferencia entre lo que antes se consideraba normal y lo que hoy buscamos construir en la crianza. Actualmente, muchos padres buscan estar más informados, toman en cuenta las emociones de sus hijos y los involucran en algunas aspectos, procurando que se sientan escuchados y comprendidos.
Sin embargo, lo que uno aprendió y cómo vivió su propia infancia puede impactar en la manera en que cría a sus hijos. Si creciste en un entorno donde los gritos, los castigos o las amenazas eran formas habituales de corregir, es posible que, incluso sin darte cuenta, termines repitiendo a esas mismas respuestas cuando te sientas frustrado.
Y es que, aunque de manera consciente deseemos criar de una forma distinta, en momentos de tensión podemos recurrir a aquello que conocemos o que aprendimos como una forma de obtener un resultado. Esto no quiere decir que sea inevitable repetir la historia, pero sí vale la pena detenerse e identificar qué aprendimos sobre la crianza, cómo nos hizo sentir y qué deseamos transmitirles a nuestros hijos.
Las expectativas que tenemos de nuestros hijos
A veces esperamos que nuestros hijos comprendan las indicaciones a la primera, se comporten de determinada manera o sepan controlar sus emociones, aunque en teoría, aún están aprendiendo a hacerlo y no cuentan con todos los recursos. Por ello, cuando las cosas no ocurren como esperamos, podemos sentir frustración, especialmente si tenemos que repetir una indicación varias veces.
Aquí es importante recordar que los niños no siempre cuentan con las mismas herramientas que un adulto para comprender lo que sienten, expresar sus necesidades o manejar la frustración. Esto no significa que debamos permitir cualquier comportamiento, sino que es necesario adaptar nuestras expectativas y la manera en que establecemos límites según su edad y necesidades.
¿Qué ocurre cuando los gritos se vuelven una forma habitual de corregir?
En un momento de desesperación, levantar la voz tal vez parece la única manera de conseguir que un niño preste atención. Sin embargo, cuando los gritos se vuelven una respuesta frecuente, es importante detenernos a observar qué está ocurriendo.
Los gritos pueden generar miedo en lugar de comprensión
Para el niño, en lugar de aprender por qué una acción fue inadecuada, puede terminar preocupándose más por evitar que mamá o papá vuelva a enfadarse. Centrándose más en la emoción y la reacción, que en la comprensión de lo que se esperaba de él.
De esa manera, cuando los gritos, las amenazas o la humillación forman parte habitual de la crianza, pueden afectar la sensación de seguridad y la comunicación dentro de la familia. Ojo: podemos hablar fuerte y con seguridad, pero sin dejar de asertivos.
Se puede crear un ciclo: gritos, resistencia y culpa
A veces, sin quererlo, entramos en una dinámica que se repite:
- Tu hijo hace algo que te molesta.
- Te frustras y empiezas a levantar la voz.
- Él llora, tal vez se niega a colaborar, te responde o se asusta.
- La tensión aumenta y terminas gritando más.
- Después aparece la culpa y prometes que no volverá a suceder.
El problema es que, si no identificamos qué mantiene este ciclo, la promesa de “mañana tendré no volverá a ocurrir” puede quedarse corta. Por ello es importante comprender cómo se relacionan nuestras emociones, las conductas de nuestros hijos y las respuestas que tienes.
Gritar no es lo mismo que poner límites
Este es un punto que considero especialmente importante recalcar: puedes ser una madre o un padre firme sin tener que gritar.
Poner límites implica comunicar qué conducta no es aceptable, explicar lo que se espera y sostener una respuesta coherente. Eres quien mantiene el control. Gritar, por el contrario, suele aparecer cuando la intensidad emocional empieza a superar nuestra capacidad para responder de manera calmada y consciente.
¿Cómo recuperar el autocontrol cuando sientes que vas a explotar?

Aprender a responder de otra manera requiere practicar. No siempre podrás evitar sentir enojo, pero sí puedes comenzar a reconocer las señales que aparecen antes de gritar y desarrollar una respuesta alternativa.
1. Identifica las señales que aparecen antes de perder el control
En terapia, una herramienta para aliviar el estrés es el escaneo corporal. Esta herramienta sirve para llevar la atención de forma lenta a cada zona del cuerpo, ayuda a reconocer lo que se está sintiendo y poder identificar tensiones físicas. Una forma de utilizarlo en este contexto, podría ser el observar señales de tensión en el cuerpo, antes de que haya habido alguna reacción. ¿Dónde sientes la tensión acumulada? ¿Qué sensación recorre tu cuerpo? Puede ser que sientas más calor que antes, que de pronto te duela la cabeza o notas que aprietas la mandíbula.
Esas señales pueden convertirse en una oportunidad para intervenir antes de que la reacción aumente.
2. Haz una pausa antes de responder
Otra herramienta que te puede ayudar es el STOP, pues su objetivo principal es ayudarte a frenar las reacciones automáticas. Esta técnica es un acrónico que consta de cuatro pasos:
- S – Detente: Frena lo que estás haciendo.
- T – Respira: Haz una pausa y toma una respiración lenta y profunda.
- O – Observa: Nota que está sucediendo en tu interior.
- P – Procede: Elige tu siguiente acción de forma consciente.
Esta pausa no es abandonar. Es reconocer que necesitas recuperar la calma para poder intervenir de una manera más adecuada.
3. Regula tu cuerpo para ayudarte a mantener la calma
En momentos de alta tensión, puede ser complicado pensar con claridad. Por ello, antes de intentar resolver el conflicto, sería importante priorizar la regulación del cuerpo, para ayudar a aterrizar la mente. Algunas alternativas que podrían ayudar:
- Respiración en caja: vamos a hacerlo en intervalo de 4 segundos. Inhalas 4, sostienes 4, exhalas 4 y esperas 4 segundos antes de retomar la siguiente respiración, que se repetirá 4 veces.
- Relajación progresiva de Jacobson: trabajaremos por grupos musculares. Primero tensa los hombros, sostén unos segundos antes de relajar. Igualmente, tensa las manos unos segundos y luego progresivamente vas soltando.
- Bebe un poco de agua o coloca agua fría en tu rostro para cambiar la bioquímica de tu cuerpo.
La primera y la segunda puedes ponerlas en practica incluos en momentos tranquilos también, para que poco a poco te familiarices con las técnicas y puedan estar al alcance cuando lo necesites.
4. Cambia la forma en que interpretas lo que hace tu hijo
En ocasiones, nuestra reacción se intensifica por lo que pensamos acerca de la conducta del niño.
Por ejemplo, si tu hijo no recoge sus cosas, quizá aparezca el pensamiento: “Lo hace para hacerme enojar”, “Me está desafiando” o “Nunca me escucha”.
Cuando interpretamos una conducta como una provocación intencional, respondemos con mayor dureza y nos enojamos aún más. Pero te aliento a que, antes de asumir que tu hijo está intentando hacerte perder el control, consideres otras posibilidades: quizá está distraído, cansado, no comprende la indicación o todavía necesita ayuda para realizar esa tarea.
5. Aprende a poner límites sin recurrir a los gritos
Los niños necesitan orientación, estructura y límites adecuados a su edad. Para comunicarlos, intenta utilizar indicaciones concretas, breves y claras. Si notas que algo no le sale tan bien, tal vez aún necesita de una guía para lograrlo. En ese caso, intenta enseñarle el paso a paso antes de que pueda lograrlo por su cuenta.

¿Cuándo buscar asesoría para padres?
Reconocer que hay un problema e intentar manejarlo con otras alternativas puede ser un buen comienzo. Sin embargo, si sientes que no te está ayudando, y notas que pierdes el control con frecuencia, que los gritos están afectando la relación con tus hijos o que la culpa y el agotamiento se han vuelto difíciles de manejar, buscar acompañamiento psicológico puede ayudarte.
Cuando estas dificultades ya están afectando la convivencia, los vínculos o la manera en que los miembros de la familia se comunican, un proceso de terapia familiar o nuestro servicio de asesoría para padres puede permitir trabajar estas dinámicas de manera conjunta.
Como puede ayudar la psicoterapia:
Ofrece un espacio para comprender qué está ocurriendo en tu experiencia de crianza y desarrollar recursos que se ajusten a tus necesidades.
El proceso puede incluir:
- Identificar situaciones, pensamientos y emociones que anteceden a los gritos.
- Reconocer patrones aprendidos en la propia historia de crianza.
- Desarrollar estrategias de regulación emocional y alternativas para manejar de la impulsividad.
- Mejorar las formas de establecer límites.
- Estrategias en la comunicación y la reparación después de algún conflicto.
Las investigaciones sobre programas de crianza han demostrado que las intervenciones que integran el manejo conductual, el fortalecimiento de la relación y estrategias de autocuidado para padres, pueden contribuir a reducir el estrés.
Referencias
- Fang, Y., Luo, J., Boele, M., Windhorst, D., van Grieken, A., & Raat, H. (2024). Parent, child, and situational factors associated with parenting stress: A systematic review. European Child & Adolescent Psychiatry, 33, 1687–1705. https://link.springer.com/article/10.1007/s00787-022-02027-1
- Ribas, L. H., Montezano, B. B., Nieves, M., Kampmann, L. B., & Jansen, K. (2024). The role of parental stress on emotional and behavioral problems in offspring: A systematic review with meta-analysis. Jornal de Pediatria, 100(6), 565–585. https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0021755724000408?via%3Dihub
- Shaw, D. (2014). Programas parentales y sus impactos en el desarrollo emocional y social de los niños pequeños. Enciclopedia sobre el Desarrollo de la Primera Infancia [en línea]. https://www.enciclopedia-infantes.com/pdf/expert/habilidades-parentales/segun-los-expertos/programas-parentales-y-sus-impactos-en-el-desarrollo
Autora:
Ps. Andrea Fernandez Mendoza
Licenciada en Psicología Clínica con experiencia terapia infantil y adolescente.
