
Todos nos podemos sentir preocupados de vez en cuando: si estamos esperando el resultado de algo, hay un problema de salud, un cambio en nuestra vida, etc. Es inevitable experimentar preocupación cuando existen situaciones que consideramos importantes. Sin embargo, cuando estas preocupaciones son muy frecuentes, resultan difíciles de controlar, no podemos dejar de pensar en escenarios futuros catastróficos y es difícil sentirse bien, incluso, en el descanso, conviene prestarles atención.
El trastorno de ansiedad generalizada (TAG) es una de las condiciones que pueden explicar este patrón de preocupación persistente. Comprender cómo se manifiesta en la infancia permite reconocer cuándo un niño podría necesitar apoyo y cómo acompañarlo.
¿Qué es el trastorno de ansiedad generalizada en niños?
El trastorno de ansiedad generalizada es un problema de salud mental caracterizado por una preocupación excesiva y difícil de controlar sobre diferentes aspectos de la vida cotidiana. En los niños, estas preocupaciones pueden relacionarse con el rendimiento escolar, la salud, la seguridad de sus seres queridos, las relaciones con otras personas o la posibilidad de cometer errores.
A diferencia de una preocupación puntual, que suele aparecer ante una situación concreta y disminuir cuando esta se resuelve, en el TAG la preocupación puede mantenerse incluso cuando no existe una amenaza inmediata. Además, puede pasar de un tema a otro: un niño puede angustiarse por una tarea escolar y, después, comenzar a preocuparse por si alguno de sus padres tendrá un accidente.
Este patrón no significa que el niño esté exagerando intencionadamente ni que le falte capacidad para afrontar las dificultades. La preocupación puede resultarle realmente angustiante y difícil de detener, incluso cuando reconoce que quizá está pensando demasiado en una situación.
Para determinar si se trata de un trastorno, un profesional debe evaluar las características de las preocupaciones, su duración, la dificultad para controlarlas y el impacto que tienen en la vida del niño. Una preocupación ocasional o un periodo de nerviosismo no bastan para establecer un diagnóstico.
¿Cómo diferenciar el TAG de las preocupaciones habituales de un niño?
A lo largo de la infancia, es esperable que aparezcan temores y preocupaciones relacionados con las experiencias propias de cada etapa. Por ejemplo, un niño puede ponerse nervioso antes de una exposición escolar, una baja nota, problemas con compañeros o preguntar si sus padres llegarán a recogerlo a tiempo a la escuela.
Estas reacciones no indican necesariamente un problema clínico. Para diferenciarlas de una posible ansiedad generalizada, es importante observar el patrón completo.
– Frecuencia: En este caso evaluar si la preocupación aparece ocasionalmente o está presente en numerosos momentos del día
– Intensidad: considerar si el niño logra continuar con sus actividades o la preocupación le genera un malestar considerable y deja de hacer lo que estaba haciendo
– Control: puede apartar la atención de lo que le preocupa o vuelve repetidamente al mismo pensamiento y busca obtener alivio en el exterior
– Duración: se trata de una reacción temporal ante un acontecimiento o de un patrón persistente. En el diagnóstico de TAG, los criterios clínicos contemplan una duración de al menos seis meses.
– Interferencia: las preocupaciones afectan su sueño, concentración, participación escolar, juego o relaciones, etc.
Ninguno de estos aspectos debe interpretarse de manera aislada. Lo importante es comprender cómo se relacionan entre sí y cuánto están afectando al niño.
¿Qué lo diferencia de otros problemas de ansiedad infantil?
No todas las formas de ansiedad se centran en las mismas preocupaciones. En el trastorno de ansiedad generalizada, el niño puede preocuparse por varios asuntos diferentes, como equivocarse en clase, enfermarse o que les ocurra algo malo a sus familiares.
En cambio, en la ansiedad por separación, el temor se relaciona principalmente con alejarse de las figuras de apego o con la posibilidad de que algo malo les suceda mientras están separados. En las fobias específicas, la ansiedad se concentra en un objeto o una situación particular, como determinados animales, las alturas o las inyecciones.
Aunque estas condiciones pueden compartir síntomas, identificar qué desencadena la preocupación ayuda al profesional a comprender lo que está experimentando el niño.
¿Cómo se manifiesta el TAG en niños?
La ansiedad generalizada no siempre se expresa mediante frases como «estoy preocupado» o «tengo miedo». Algunos niños pueden explicar lo que sienten con facilidad; a otros les cuesta un poco más determinar y expresar lo que sienten, así que muestran su malestar a través de cambios en su comportamiento, molestias físicas o dificultades para dormir. Entre las manifestaciones que pueden aparecer se encuentran las siguientes:
– Preocupación frecuente por distintas situaciones cotidianas.
– Necesidad reiterada de preguntar si algo saldrá bien.
– Dificultad para tolerar la incertidumbre o aceptar que no todas las respuestas están disponibles.
– Inquietud, irritabilidad o sensación de estar constantemente alerta.
– Tensión muscular, cansancio o molestias físicas.
– Dificultad para concentrarse o conciliar el sueño.
– Miedo constante a equivocarse y confirmar regularmente.
– Evitación de actividades que podrían generar preocupación.
Es importante resaltar: estas manifestaciones también pueden aparecer por otros motivos y no confirman, por sí solas, un diagnóstico de TAG. Por eso, deben comprenderse dentro de la historia, la edad y las circunstancias particulares de cada niño.
Preocupaciones excesivas sobre distintas situaciones
Una característica importante del TAG es que las preocupaciones pueden abarcar diferentes ámbitos de la vida.
Por ejemplo, un niño puede preguntarse si obtendrá una buena nota, si sus padres se molestarán porque cometió un error, si sus amigos seguirán queriendo jugar con él o si alguno de sus familiares se enfermará.
En ocasiones, incluso después de resolver una de estas situaciones, aparece una preocupación nueva. El niño puede recibir una buena calificación y, en lugar de sentirse tranquilo, comenzar a pensar en la siguiente evaluación o en la posibilidad de no obtener el mismo resultado.
Esto puede hacer que le resulte difícil disfrutar de experiencias agradables, porque una parte de su atención permanece centrada en anticipar lo que podría salir mal.
Necesidad constante de confirmación y miedo a la incertidumbre
Algunos niños buscan confirmación de manera reiterada para sentirse más tranquilos.
Pueden hacer preguntas como «¿estás seguro de que vas a volver?», «¿y si me equivoco?» o «¿qué pasa si algo sale mal?». Aunque reciban una respuesta tranquilizadora, es posible que la duda reaparezca poco después.
Esta conducta puede relacionarse con la dificultad para tolerar la incertidumbre: no saber con seguridad qué ocurrirá genera malestar, por lo que el niño busca una respuesta que le permita sentirse seguro.
Cuando el adulto responde, puede producirse un alivio momentáneo. Sin embargo, si el niño necesita volver a preguntar cada vez que aparece la duda, la tranquilidad obtenida no siempre se mantiene.
Molestias físicas, irritabilidad y dificultades para dormir
La ansiedad también puede manifestarse a través del cuerpo. Algunos niños presentan dolor de cabeza, dolor abdominal, tensión muscular, cansancio o sensación de inquietud cuando están preocupados.
También pueden mostrarse más irritables, tener dificultades para concentrarse o tardar en conciliar el sueño porque continúan pensando en lo que podría suceder al día siguiente.
Perfeccionismo, miedo al error y evitación
Un niño puede revisar varias veces una tarea antes de entregarla, borrar repetidamente una respuesta porque no está convencido de que sea correcta o tardar mucho en terminar un trabajo por miedo a cometer un error.
Otros niños pueden evitar participar en clase, abandonar una actividad nueva o negarse a intentar algo que les interesa porque anticipan que no lo harán bien.
Es importante distinguir estas conductas del esfuerzo académico habitual. Revisar un trabajo o querer obtener una buena calificación no constituye, por sí mismo, un problema. La dificultad aparece cuando el miedo al error genera un malestar considerable, consume demasiado tiempo o limita las oportunidades de aprender y participar.
¿Por qué puede aparecer ansiedad generalizada en un niño?
El TAG no tiene una única causa. Su aparición puede relacionarse con una combinación de características individuales, antecedentes familiares y experiencias del entorno.
Temperamento y antecedentes familiares
Los niños tienen distintas maneras de reaccionar ante las situaciones nuevas, los cambios y la incertidumbre. Algunos son más sensibles a las experiencias desconocidas o necesitan más tiempo para sentirse seguros. Estas características pueden influir en la manera en que afrontan determinadas situaciones.
Asimismo, los antecedentes familiares pueden relacionarse con una mayor vulnerabilidad a los problemas de ansiedad. Esta relación puede involucrar tanto factores biológicos como patrones de aprendizaje y experiencias compartidas.
Estrés, cambios vitales y contexto cotidiano
Algunas experiencias pueden aumentar temporalmente la preocupación infantil o intensificar un malestar que ya estaba presente. Entre ellas se encuentran los cambios importantes en la vida familiar, las dificultades en las relaciones con otras personas, las exigencias sostenidas o las experiencias que el niño percibe como amenazantes.
Por ejemplo, un cambio de colegio puede generar incertidumbre sobre los nuevos compañeros, los profesores y las tareas. Para algunos niños, estas preocupaciones disminuyen conforme se adaptan; para otros, pueden mantenerse o extenderse a otros ámbitos.
Respuestas que pueden mantener las preocupaciones
Cuando un niño está angustiado, es natural que sus padres quieran tranquilizarlo. Responder sus preguntas, acompañarlo o ayudarlo a resolver un problema puede ser útil y necesario. Sin embargo, en algunas circunstancias, ciertas respuestas pueden contribuir involuntariamente a mantener el ciclo de preocupación.
Por ejemplo: un niño teme que su madre llegue tarde a recogerlo del colegio y pregunta repetidamente si estará allí a la hora habitual. Su madre se lo confirma cada vez, pero la duda vuelve a aparecer unos minutos después.
El problema no es que la madre le ofrezca tranquilidad. La dificultad surge cuando el niño comienza a depender de una confirmación constante para tolerar la incertidumbre. En estos casos, puede ser útil reconocer su preocupación y acompañarlo a manejar la duda, en lugar de intentar eliminar toda posibilidad de que se sienta inseguro.
Situaciones cotidianas en las que se puede observar el TAG infantil
Las siguientes escenas son ejemplos orientativos de comportamientos que podrían observarse en un niño con preocupaciones persistentes. No representan casos reales ni permiten establecer un diagnóstico por sí solos.
En el colegio: miedo persistente a equivocarse
Mateo ha estudiado para una evaluación y conoce las respuestas. Sin embargo, durante la prueba revisa varias veces cada pregunta porque teme haberse equivocado. Aunque el profesor le indica que puede entregar su trabajo, sigue preocupado por la posibilidad de obtener una mala nota.
Cuando termina la evaluación, en lugar de sentirse tranquilo, comienza a pensar en lo que podría ocurrir si sus padres se decepcionan con el resultado.
En casa: preocupación por la salud y seguridad familiar
Lucía suele preguntar a sus padres si están bien cuando salen de casa. Si alguno tarda en responder un mensaje, comienza a imaginar que pudo haber ocurrido un accidente.
Aunque sus padres le explican que todo está bien, vuelve a preguntar al poco tiempo. Cuando finalmente recibe una respuesta, se tranquiliza, pero la preocupación reaparece ante una nueva situación de incertidumbre.
Antes de dormir: preocupación por lo que ocurrirá mañana
Antes de acostarse, Diego comienza a pensar en las actividades del día siguiente. Se preocupa por una tarea que debe entregar, después recuerda que tendrá que participar en clase y finalmente piensa en si algo podría ocurrirles a sus padres mientras él está en el colegio. Aunque está cansado, le cuesta dejar de pensar en estas posibilidades.
¿Cómo puede afectar el TAG a la vida diaria del niño?
Cuando las preocupaciones son frecuentes e intensas, pueden ocupar una parte importante de la atención y la energía del niño. Esto puede afectar distintas áreas de su vida, aunque las consecuencias varían según cada caso. Recordar que no todos los niños experimentan las mismas dificultades ni presentan el mismo nivel de interferencia.
Escuela, tareas y participación en actividades
La preocupación constante puede dificultar la concentración, especialmente cuando el niño dedica buena parte de su atención a anticipar errores o posibles resultados negativos. También puede hacer que tarde más en terminar las tareas, revise repetidamente su trabajo o evite participar en actividades por miedo a equivocarse.
En algunos casos, el rendimiento académico puede verse afectado. En otros, el niño mantiene buenas calificaciones, pero lo consigue a costa de un esfuerzo excesivo, tensión o preocupación constante.
Relaciones familiares y convivencia
Las preocupaciones reiteradas pueden influir en la dinámica familiar. Los padres quizá deban responder las mismas preguntas muchas veces, modificar planes para evitar situaciones que generan ansiedad o dedicar mucho tiempo a intentar tranquilizar al niño. Con el tiempo, esto puede generar cansancio, frustración o desacuerdos entre los miembros de la familia.
Aprender nuevas formas de responder a la ansiedad puede ayudar a reducir esta tensión y favorecer una convivencia en la que el niño reciba apoyo sin que toda la dinámica familiar termine organizada alrededor de sus preocupaciones.
Cuando las preocupaciones de un niño son constantes, difíciles de controlar o empiezan a afectar su vida cotidiana, puede ser conveniente buscar apoyo profesional. La terapia psicológica infantil puede ayudarlo a desarrollar recursos para manejar la ansiedad, afrontar la incertidumbre y participar con mayor confianza en sus actividades diarias.
Qué pueden hacer los padres cuando su hijo se preocupa constantemente

Las siguientes orientaciones pueden ser útiles, aunque no sustituyen una evaluación o un tratamiento cuando estos son necesarios.
Escuchar y validar la emoción sin confirmar el peligro
Los padres pueden reconocer la emoción y acompañar al niño a pensar qué puede hacer.
Por ejemplo: En lugar de: «No te preocupes, eso no va a pasar. Ya te dije que todo estará bien».
Podrían decir: «Veo que te preocupa que esto salga mal. Entiendo que no saber qué ocurrirá puede ponerte nervioso. Pensemos juntos qué puedes hacer mientras esperamos».
Esta respuesta le permite al niño sentirse escuchado mientras aprende que puede afrontar la incertidumbre buscando diferentes alternativas.
Responder a las preguntas reiteradas de forma consistente
Cuando un niño hace la misma pregunta muchas veces, es importante considerar qué está buscando con ella. En ocasiones, no necesita información nueva, sino recuperar la tranquilidad que sintió después de la respuesta anterior. Los padres pueden responder con calma y, si la pregunta vuelve a aparecer, ayudarlo a reconocer lo que está ocurriendo.
Por ejemplo: «Ya hablamos de lo que sabemos sobre esta situación. Noto que la duda ha vuelto y que te está costando sentirte tranquilo. ¿Qué podríamos hacer para ayudarte a manejarla sin tener que buscar otra respuesta inmediatamente?».
Tratemos de encontrar un equilibrio entre ofrecer apoyo y ayudarlo a desarrollar recursos propios para manejar la preocupación.
Practicar pequeñas situaciones de incertidumbre
Aprender a tolerar la incertidumbre requiere práctica. Los niños pueden beneficiarse de experiencias pequeñas y manejables en las que descubran que pueden afrontar una duda sin tener que resolverla inmediatamente.
Por ejemplo, si un niño revisa excesivamente sus tareas por miedo a equivocarse, podría practicar entregarlas después de un número acordado de revisiones, en lugar de comprobarlas indefinidamente.
Si pregunta reiteradamente qué ocurrirá en una actividad, puede ser útil ayudarlo a identificar qué información necesita realmente y qué aspectos tendrá que descubrir cuando llegue el momento.
Estas experiencias deben adaptarse a la edad y las necesidades del niño. No se trata de exponerlo bruscamente a sus temores o exigirle que las enfrente sin ayuda.
Observar y registrar cuándo aumentan las preocupaciones
Llevar un registro sencillo puede ayudar a los padres a comprender mejor lo que experimenta su hijo. Identifiquemos algunas situaciones relevantes y observemos qué ocurre antes, durante y después de ellas:
– Situación: ¿qué estaba ocurriendo cuando apareció la preocupación?
– Pensamiento: ¿qué temía que sucediera el niño?
– Emoción: ¿qué sentía y cuánto malestar parecía experimentar?
– Respuesta: ¿qué hizo para manejar la preocupación?
– Acompañamiento: ¿cómo respondieron los adultos?
– Impacto: ¿la preocupación afectó alguna actividad, relación o momento del día?
Este registro no es una prueba diagnóstica. Su finalidad es reunir información que ayude a identificar patrones y, si se solicita atención psicológica profesional, facilite la comprensión de lo que está sucediendo.
Mirada clínica: qué evalúa un psicólogo ante la sospecha de TAG infantil
La evaluación psicológica busca comprender las preocupaciones del niño, cómo se presentan y qué efecto tienen en su vida. No consiste únicamente en identificar síntomas, sino en explorar el contexto en el que aparecen y las necesidades particulares de cada caso.
Para ello, el profesional puede entrevistar al niño y a sus cuidadores, recoger información sobre su desarrollo y explorar lo que ocurre en el entorno escolar y familiar. También puede utilizar cuestionarios o escalas estandarizadas como parte de una evaluación más amplia.
Qué permite diferenciar el TAG de una etapa de estrés
Una de las tareas de la evaluación es determinar si las preocupaciones responden a una situación concreta o forman parte de un patrón persistente que afecta distintas áreas de la vida.
Para ello, se consideran aspectos como la duración, la frecuencia, la intensidad, los temas de preocupación y la dificultad para controlarlos. También se explora si existen circunstancias recientes que puedan explicar el malestar y si los síntomas podrían corresponder a otra condición psicológica o médica.
Esta valoración permite evitar dos errores: interpretar como un trastorno cualquier preocupación infantil o restar importancia a un malestar que está afectando de manera significativa al niño.
Por qué los cuestionarios no bastan para diagnosticar
Los cuestionarios psicológicos pueden ayudar a identificar síntomas, estimar su intensidad y conocer cómo han cambiado a lo largo del tiempo.
Sin embargo, sus resultados no deben interpretarse de forma aislada. Una puntuación elevada no confirma automáticamente un trastorno, del mismo modo que una puntuación baja no descarta todas las dificultades posibles.
Los resultados deben integrarse con las entrevistas, la historia del niño, la observación clínica y la información relevante de sus cuidadores y, cuando corresponda, del colegio.
Si existen molestias físicas persistentes u otros síntomas que requieran exploración, también puede ser necesaria una valoración médica.
¿Cómo se trata el trastorno de ansiedad generalizada en niños?

El abordaje principal suele ser la terapia psicológica infantil, ya que el tratamiento depende de las características del niño, la intensidad de sus síntomas y el impacto que la ansiedad tiene en su vida.
Terapia cognitivo-conductual adaptada a la edad
La terapia cognitivo-conductual ayuda al niño a comprender la relación entre sus pensamientos, emociones y comportamientos, y a desarrollar nuevas formas de afrontar las situaciones que le generan ansiedad.
Entre los aspectos que pueden trabajarse se encuentran:
– Identificación de pensamientos anticipatorios: reconocer ideas como «seguro que me equivoco» o «algo malo va a pasar» y explorar otras maneras de interpretar la situación.
– Manejo de las preocupaciones: aprender a identificar cuándo está preocupándose y practicar estrategias para responder de forma más flexible.
– Tolerancia a la incertidumbre: desarrollar la capacidad de continuar con las actividades cotidianas aunque no pueda tener garantías absolutas sobre lo que ocurrirá.
– Afrontamiento gradual: practicar, de forma planificada y adecuada a su edad, situaciones que suele evitar por miedo.
– Reconocimiento de emociones y sensaciones físicas: comprender cómo se manifiesta la ansiedad y aprender herramientas para manejar el malestar.
Estas estrategias buscan que pueda relacionarse de otra manera con sus pensamientos y afrontar sus actividades sin que el miedo determine constantemente sus decisiones.
Participación de los padres y coordinación con el colegio
La participación de los padres puede facilitar que el niño practique fuera de las sesiones las habilidades que está aprendiendo.
El profesional puede orientarlos para que reconozcan las emociones de su hijo, respondan de forma consistente a las preocupaciones y lo acompañen a afrontar situaciones difíciles sin reforzar involuntariamente la evitación.
En algunos casos, también puede ser conveniente coordinar con el colegio para comprender cómo se manifiesta la ansiedad en el aula y acordar apoyos que favorezcan la participación del niño.
Cuándo puede requerirse una evaluación psiquiátrica
En determinados casos, especialmente cuando los síntomas son intensos, generan una interferencia considerable o no mejoran suficientemente con la intervención inicial, puede ser conveniente solicitar una evaluación por un especialista en psiquiatría infantil y adolescente.
Esta valoración permite considerar la gravedad del cuadro, explorar posibles condiciones asociadas y determinar si se requiere un abordaje complementario.
¿Cuándo conviene consultar con un psicólogo infantil?
Puede ser recomendable iniciar una terapia psicológica infantil cuando las preocupaciones se vuelven frecuentes, difíciles de controlar o empiezan a interferir en la vida cotidiana del niño.
Señales para considerar una evaluación profesional
Conviene prestar atención si el niño:
– Se preocupa constantemente por distintos temas y le cuesta dejar de pensar en ellos.
– Necesita confirmación repetida para sentirse tranquilo.
– Presenta dificultades de sueño relacionadas con sus preocupaciones.
– Evita actividades escolares, sociales o familiares por miedo a que algo salga mal.
– Experimenta molestias físicas recurrentes que coinciden con momentos de preocupación.
– Tiene dificultades para concentrarse o completar actividades debido a sus pensamientos.
– Muestra un malestar que afecta sus relaciones, su descanso o su bienestar cotidiano.
– Tiene pesadillas recurrentes o dificultades relacionadas al sueño
– Se chupa los dedos, se muerde las uñas o se quita la piel alrededor de las uñas hasta hacerse heridas.
Estas señales no constituyen una lista para diagnosticar. Son motivos para observar con mayor atención lo que está viviendo el niño y considerar una consulta profesional.
Qué puede aportar una evaluación psicológica infantil
Una evaluación psicológica permite comprender qué está generando o manteniendo las preocupaciones, cómo afectan al niño y qué recursos posee actualmente y de qué manera se puede mejorar estos recursos.
A partir de esta información, el profesional puede determinar si los síntomas son compatibles con un trastorno de ansiedad, explorar otras posibles explicaciones y proponer un plan de intervención individualizado.
La participación de los cuidadores puede ser importante para comprender el contexto y favorecer la aplicación de las estrategias en la vida cotidiana.
Cuando un niño presenta preocupaciones frecuentes, dificultades para dormir o miedo constante a equivocarse, no siempre es sencillo determinar qué está ocurriendo. Una evaluación psicológica infantil permite explorar sus dificultades emocionales, comprender cómo afectan su vida cotidiana y determinar si necesita una intervención psicológica adaptada a sus necesidades.
Preguntas frecuentes sobre el TAG en niños
¿Puede un niño tener TAG aunque tenga buenas notas?
Sí. El rendimiento académico no descarta la presencia de ansiedad generalizada.
Algunos niños mantienen buenas calificaciones, pero experimentan mucha preocupación, revisan excesivamente sus tareas o dedican un esfuerzo considerable a evitar los errores.
¿La ansiedad generalizada infantil puede desaparecer sola?
La evolución varía de un niño a otro. Algunas preocupaciones disminuyen cuando cambian las circunstancias o el niño desarrolla nuevos recursos para afrontarlas. Sin embargo, no puede asegurarse que un patrón persistente de ansiedad vaya a desaparecer sin ayuda. Para esto necesitaría introducir nuevos recursos o estrategias que lo apoyen.
¿El TAG infantil siempre produce ataques de pánico?
No. El trastorno de ansiedad generalizada se caracteriza principalmente por preocupaciones persistentes y difíciles de controlar sobre diferentes aspectos de la vida.
Los ataques de pánico pueden aparecer en distintos contextos, pero no son un requisito para el diagnóstico de TAG. La evaluación debe centrarse en las características generales de los síntomas y no en la presencia de una manifestación aislada.
¿Qué información conviene compartir con el colegio?
Si las preocupaciones afectan la experiencia escolar, puede ser útil compartir información concreta sobre las dificultades observadas y los apoyos que podrían ayudar al niño.
Por ejemplo, los cuidadores pueden explicar si el miedo a equivocarse retrasa la entrega de tareas, si el niño evita participar o si muestra una preocupación excesiva antes de las evaluaciones.
La comunicación debe centrarse en las necesidades educativas y emocionales del niño, respetando su privacidad. Cuando existe un profesional tratante, la coordinación puede ayudar a establecer estrategias coherentes entre la familia y el colegio, con los consentimientos correspondientes.
Referencias
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Autora
Ps. Andrea AlessandraFernandez Mendoza
Licenciada en Psicología Clínica con experiencia en terapia infantil y adolescente.
